
Me encontraba en pueblo llamado (Torre de santa María) descargando un camión de paja a un señor que yo le había vendido. Me acompañaba un ayudante llamado Serafín que me ayudaba a cargar y descargar el camión, dentro del pajar, había un par de obreros entrando la paja que Serafín le hiba descargando y ellos la entraban para dentro del pajar.
Cuando terminaron, retiré de allí el vehículo y lo puse en la acera de enfrente para que pudieron los operarios barrer la calle y dejar todo limpio y cerrado el pajar.
A uno de los hombres le pregunté por el dueño de la mercancía y me respondió. -Se ha marchado para su casa, el hombre como tú verás ya es muy mayor y no ha querido pasar calor y se ha ido, pero yo te indicaré donde vive que no tiene perdida.
En efecto cogí la calle arriba que me había indicado y no tardé casi nada en dar con la casa de dicho señor.
El hombre al verme de llegar me dijo. - Ahora mismo hiba yo a pagarte suponiéndome que ya habriaís terminado de descargar la paja.
Pues como verá usted ya no hace falta que baje, vengo haber si me puede usted pagar que nos marchamos para mi pueblo antes que haga más calor.
El hombre entró en una habitación y de un cofre antiguo sacó el dinero y me pagó honradamente, me despedí de él y me fui a donde yo había quedado a Serafín y mí camión.
En una plazuela antes de llegar al lugar donde yo hiba, observé que había mucha gente gritando y amenazando a un señor que tenían acorralado sobre una pared de una casa, mí sorprersa no tubo límites, al ver que al hombre que le estaban gritando y amenazando era Serafín. Me entré entre el público y llegué en un momento donde éste se hallaba al tiempo que preguntaba.
- ¿Qué pasa aquí, por qué le estaís gritando a éste señor? -El que parecía que llevaba la voz cantante me respondió muy mal humorado.
- Éste señor es un sinvergüenza !Mira donde ha empotrado tú camión, en la puerta de mí casa¡.
Levanté la vista y pude ver que era verdad lo que este señor me estaba diciendo.
Me dirijí a Serafín y le pregunté. -¿Qué has hecho con el camión?, éste estaba temblando de miedo y se limitó a responderme medio tartabulleando. -Yo sólo quería ponerlo a la sombra de una de estas casa para que no se calentara tanto, lo arranqué, no sé lo que me paso, el caso es que se me ha ido sobre la puerta de esa casa.
-¿Y como se te ha ocurrido a tí coger el camión si no sabes ni montar en bicicleta?.
-Es cierto, pero creí que podría y lo hice y estoy dispuesto a pagar el daño que el camión haya hecho.
El dueño de la casa no dejaba de bociferar y estaba dispuesto a llamar a la guardía civil para denunciar a Serafín. - ¡Fijate si hay uno de mís hijos en la puerta y me lo mata! Así que lo siento pero esto no se va a quedar así.
Fue entonces cuando yo entre en acción y le respondí. -Me parece muy bien que lo denuncies y consigas meterlo en la cárcel, porque en realidad no tiene carnet de ninguna clase, pero espero que durante el tiempo que esté allí tú le mantengas a la mujer y ocho muchachos chicos que tiene. Yo creo que todo esto se va a acabar si digo yo lo he hecho y el seguro de mí camión paga el daño que haya hecho y punto terminado, de lo contrario él no te va a pagar nada porque no tiene ni donde quedarse muerto.
El de la casa no dejaba de bociferar y resaltar lo de los muchachos si hubieran estado en su puerta y tuve que decirle por última vez.
-Pero gracias a Dios no han estado y todo lo que tú dices son conjeturas tuyas, así que ya está bien, o lo coges como yo te he dicho, o lo dejas y no cabras ni un duro.
Por fin no tardó en decidirse y terminó como yo le decía. Retiré de allí el camión y pude comprobar el daño que había hecho.
La casa tenía un balcón hecho con las paredes que daban para la calle de ladrillos y se veía a simple vista que el lucido de la bóveda se había caído un trozo y aparecía en el medio de la bóveda una racha, el balcón parecía el portal de belén, porque dicha bóveda de rosca descansaba en un par de columnas de piedra completamente redondas en la calle, en una palabra el balcón era muy antiguo incluso muy bonito; la columna de la izquierda, el camión al chocar con ella había conseguido sacarla para fuera cuatro o seís dedos y practicamente ese era el daño que el balcón había sufrido.
Saque los papeles del seguro dispuesto a dar cuenta de ello para que dicho seguro le pagara el daño.
-Dame tú nombre y apellidos que esto lo vamos arreglar enseguida.
-No, la casa no es mía, tendrás que ir a ver al dueño y arreglarlo con él.
-¿Dime quién es el dueño? - Es el que le has descargado la paja y vive un poco más arriba.
-Pues ahora mismo voy a verlo y arreglo este asunto en un momento y todo arreglado.
Me llevé a Serafín para evitar problemas, al verme de entrar el dueño en su casa me preguntó el hombre. -¿Qué pasa, no está bien la cuenta? -Si señor, el motivo es otro. - le conté todo lo que había pasado y venía a tomar su nombre para dar cuenta al seguro para que le abonara el daño.
Él hombre se quedó un momento pensativo y al final se dirigió a Serafin y exclamó. -¡Pero no has caído toda!
-No señor, respondió éste medio temblando, sólo tiene algo de daño pero nada más. Pues eso es lo que tenías que haber hecho, caerla toda con ellos en dentro.
De momento pensé que se trataba de una broma de mal gusto y le respondí. -Hemos tenido suerte, el camión iba muy despacio y sólo ha hecho algo de daño, pero si con los nervios que tiene Serafín si se le ocurre pisar el acelerador a la hora esta hubiese estado el camión dentro de la casa, pero gracias a Dios practicamente sólo hay que lamentar algo de daño y a eso he venido para dar cunta al seguro que le pague el importe y punto terminado.
Me disponía a escribir para dar cunta del daño cuando una vez más me sorprendió la adtitud del dueño de la casa. -¡No intentes de escribir nada! A mí no me tienes que pagar nada y si lo intentas otra vez me vas hacer de enfadarme contigo, así que ya te puedes marchar que esto ya está resuelto.
Nunca me había pasado tal cosa, todo el mundo quiere cobrar los daños y éste hombre no quería que diese cuenta al seguro y viendo lo que estaba pasando le pregunté. -¿Qué le digo yo a ese hombre que le tiene arrendada la casa?.
-Le dices que siga así y si no le interesa que se vaya, que es lo que tiene que hacer, ya hace años que lo quiero hechar fuera y no hay medios.
Por fin me despedí del dueño de la casa y cuando llegue a la plazuela donde tenía el camión me salió el arrendatario y me preguntó.
-¿En qué habeís quedado?. En nada - le respondí- sólo me ha dicho que si te interesa que sigas y si no que te vayas.
-Entonces quién me paga a mí el daño, de eso no sé nada, yo lo he intentado pero éste hombre no ha querido de manera ninguna que yo de cuenta al seguro, así que vosotros allá.
-Pués si está esperando que me salga se va a equivocar, porque seguiré asi antes que salirme.
Por fin montamos Serafín y yo en le camión y nos fuimos dirección al pueblo, en el camino no dejaba de acordar, pero el caso es para reirse, hasta donde llega la rivalidad de estos señores para no querer cobrar el daño, yo diría que se trata de un caso insólito.
Escrito por José Galán Rosco en junio de 2.007
1 comentario:
Indudablemente es un caso insólito... vaya vaya con el dueño de la casa y con el arrendatario. Pero lo que está claro es que a Serafín se le quitarían las ganas de volver a conducir el camión por mucho calor que hiciese. sigue escribiendo así. Maria
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